
Relajadamente, das lo que te nace. No calculas qué gestos necesita tu gente para saberte incondicional. Si precisan detalles, que avisen. La vida no es una campaña electoral, no debería exigir atenciones pequeñas para obtener el voto y constantes refuerzos en la confianza.
Sin embargo, suele aparecer alguno que te prueba. Con tinte revanchista, aire de víctima y deseos insatisfechos de recibir un trato diplomático, decide pensar que tu no-acción se funda en el desinterés o en la maldad planificada. Mientras espera angustiado que lo llames para felicitarlo por algo, tú te comes una tarta en casa. Él aprovecha el evento como "test" de cuánto lo quieren. Tú no lo llamas y la culpa no es tan tuya como cree.